CALENTANDO MOTORES PA’L BARRIO y PA’ TI: LOS PUÑOS DE UNA NACIÓN E HISTORIAS DEL CANAL

Enrique Castro Ríos

Los puños de una nación
Panamá 2005, de Pituka Ortega Heilbron
A proyectarse en Cine en el Barrio
e
ste sábado 15 de febrero 2020 a las 7:00 pm
en el Centro de Visitantes de Panamá Viejo
Entrada pública y gratuita

Historias del canal
Panamá 2014, de Carolina Borrero (“1913”), Pinky Mon (“1950”),
Luis Franco Brantley (“1964”),  Abner Benaim (“1977”) y Pituka Ortega-Heilbron (“2013”)
A proyectarse en Cine Pa’ Ti
e
ste domingo 16 de febrero 2020 a las 7:00 pm
en el Mirador del Pacífico de la Cinta Costera I
Entrada pública y gratuita
 


1.

Puños

Más de diez años atrás, cuando mi compañera y yo fuimos a ver Los puños de una nación en una sala de los desaparecidos Cines Alhambra, Teatro México, ella quedó llorando en silencio por varios minutos. Hija de un intelectual profundamente activo en las décadas de los 60, 70 y 80, el filme en el que Pituka Ortega Heilbron enhebra delicadamente aquellos años de lucha anti-imperialista panameña con la simultánea carrera pugilística de Roberto “Mano de Piedra” Durán le caló hasta los tuétanos.

Y es que las directoras de cine son así, manos de piedra/corazón de pan, como nos recuerda la poeta Consuelo Tomás en el filme, si bien hablando de Durán. También mi compañera y yo, mucho antes de conocernos y apreciándola en cines, países, fechas y horas diferentes, quedamos en la lona tras ver Vagabunda de Agnès Varda (Sans toit ni loi, literalmente Sin techo ni ley, Francia 1985):

¡1, 2, 3, 4… !

Esa es la belleza de ver un filme sobre algo supuestamente tan masculino, macho y brutal como el boxeo, bajo la lupa del sexto sentido de una mujer. El amor y la fragilidad escondidos tras la fachada de antagónica rudeza del “Cholo” Durán suben a flor de piel y comenzamos a entenderle y apreciarle un poco mejor y más profundamente...

 


2.

Canal

Diez años después de realizar Los puños de una nación, Pituka Ortega Heilbron se unió a un grupo de realizadorås panameñås tanto por nacer en el istmo como por adoptarlo como madre patria —que también hay hijås que adoptan a sus mamás y papás—, con el sueño de crear un filme de cinco historias, y cinco momentos históricos, a lo largo de la existencia del Canal de Panamá. Este canal que tan contradictoriamente ha disparado nuestra ya profunda diversidad, como también nuestro ya arraigado desdén de la misma. Así surge Historias del canal y sus cinco filmes:

“1913”, bajo el liderazgo de Carolina Borrero, situado a un año de inaugurarse el canal y en la trinchera más profunda de la batalla por cavarlo: el Corte Culebra o Gaillard. A pesar de haberse controlado el paludismo y la pneumonía, morir estaba a la orden del día, fuese por un derrumbe de lodo o de piedra, o por un cartucho de dinamita olvidado. Y allí, en medio de la muerte, surge el amor…    

“1950”, bajo la dirección de Pinky Mon, cuando un hijo del poder ocupante se identifica más estrechamente con el pueblo del territorio ocupado.  Quien lo considere imposible, que vea Chocolat de Claire Denis (Francia, 1988)… 

“1964”, en el cual el cineasta Luis Franco Brantley también explora el amor imposible, esta vez en el nadir de las relaciones de la diminuta Panamá con el Coloso del Norte, que vuelcan lo público en lo privado…   

“1977”, al cual el director Abner Benaim añade un toque de humor —y por lo tanto, de cable a tierra— a la a veces sacralizada lucha por liberar el territorio…  

“2013”, mediometraje final en el cual Pituka Ortega Heilbron reúne todas estas perspectivas de cara a lo que somos, hoy por hoy: una nación de contrastes que todavía debe aprender a compartir riquezas pero también sueños.

Considerando la imperdonable dilución del estudio de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos de América, estos filmes pueden ayudarnos a reflexionar aquel pasado cuando el futuro se volvía presente y éramos extranjeros en nuestra propia tierra.

 


Enrique Castro Ríos
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